-Hace diez años, justo cuando publicaron su primer disco, Genios,  me dijo: «Solo sé que no me gustaría ser el grupo de rap de España».
-¡Qué fuerte! No sé qué nos debía de haber pasado para decir eso.

-Decían que si entonces tenían que aguantar según qué comentarios de la gente, no querían ni pensar qué significaría ser los más grandes.
-Estaríamos flipando con lo que nos pasaba. La cosa ha evolucionado hasta convertirnos en... el grupo de rap de España. Por suerte todo ha ido poco a poco. Hemos aprendido a reaccionar ante los cambios de la vida. Cuando dije eso debía de tener miedo.

-¿Cómo lo ha superado?
-Tenía dos opciones: quedarme encerrado en casa o salir a la calle, asumir quien soy y aceptar el cariño de la gente. Antes no entendía que se me acercaran, que quisieran hacerse una foto conmigo. Y me rebelaba.

-¿Tan mal lo pasaba?
-Ha habido épocas de ponerme borde por no asumir mi rol; de agobio. Ha sido un autoaprendizaje: de salir a tomar algo e intentar ser feliz aunque te vayan a interrumpir cada dos por tres. No te quedan más cojones que hacerte la foto y estar a buenas. Cuesta más decir no que hacerte la puta foto. Lo tengo comprobado.

-¿Tiene la sensación de que Violadores del Verso ha tocado todos los techos de un grupo de rap español?
-Supongo que nunca llegas lo más alto, pero hemos tocado muchos techos. Ahora igual se trata de romper techos personales, pero no se le puede pedir más a un grupo de rap.

-¿Ha llegado la hora de que cada componente ataque por su cuenta?
-Hemos pasado 15 años muy metidos en el grupo y eso lo han sufrido novias, familias... Ahora pedimos una vida más allá de grupo. Por suerte nos ha pillado a los tres con ganas de hacer movidas en solitario.

-¿A los tres?
- A los tres cantantes. [El productor] R de Rumba, el pobre, ya tiene bastante faena: tiene que hacer 30 ritmos para producir nuestros discos.

-La familia no se separa. Solo aparcan la marca Violadores del Verso.
-Claro. Yo colaboraré en el disco de Hate y en el de Lírico, y ellos colaborarán en el mío. Dejamos el grupo en lo más alto: número uno en ventas, disco de oro, platino o yo que sé... Hemos currado mucho pero no estamos quemados. Lo bonito será cuando nos volvamos a reunir. Esto no es como los Héroes del Silencio, que ya no se podían ver. Lo nuestro es rollo rapper: como el Wu-Tang Clan, que hacen discos juntos y por separado.

-¿Y el nuevo disco de Violadores?
-Igual en cinco o seis años. Primero saldrá el disco de Hate porque ya tiene siete temazos. Lírico tiene cuatro en marcha. Y yo tengo dos trocillos.

-¿Su disco será de hip-hop puro? También ha formado el proyecto Jazz Magnetism con músicos de jazz.
-Mi idea es hacer un disco de hip-hop, pero no me importaría que hubiera un par de temas jazzísticos.

-Se le ve especialmente feliz cuando canta con Jazz Magnetism.
-Este proyecto me ha cambiado la vida. Lo disfruto casi el doble con la música en directo. A veces tengo ganas de acabar mi cacho para escuchar las virguerías que hacen ellos.

-¿Y por qué no hay disco aún?
-Si hacemos algo será una bomba. Me encantaría sacar un disco en vivo de este proyecto, pero sin prisas.

-Viniendo del mundo de las maquetas, donde manda la urgencia y la imperfección, sorprende que se haya vuelto tan metódico y paciente.
-Todo eso ha cambiado mucho. La inocencia, las ganas y la energía son distintas ahora. Antes decías una bobada y te quedabas tan ancho. Ahora cuidas cada letra. Es mucho más difícil estar contento con uno mismo.

-¿Tacha mucho más que antes?
-Sí. Ayer hablaba justo de esto con un colega filósofo: se construye más tachando que escribiendo.

-El año pasado el ayuntamiento de Zaragoza les nombró hijos predilectos de la ciudad. ¿Hubo dudas sobre si aceptar tan política distinción?
-El minidebate existió. Políticamente se apuntan un tanto nombrándonos hijos predilectos; le hacen un guiño a todos los jóvenes. Pero luego piensas en la alegría que le vas a dar a tu familia y no te puedes negar.

-Al final, todo se acaba haciendo para poner contentas a las madres.
-Hemos hecho cosas como no recoger el Premio de la Música o el de la MTV pero a esto, en nuestra ciudad, fuimos muy contentos. Hemos dado mucha caña [al ayuntamiento] con la Expo y otros temas, pero todo el pleno votó a favor. Cuanta más caña les das más quieren ser tus amigos.